sábado, 26 de marzo de 2022

¡Socorro, no consigo adelgazar! — Cómo lograrlo de una vez por todas

Primero publicado en: Fluenting

Lo has intentado mil veces. Pierdes unos kilos, pero luego los recuperas rápidamente. Cada vez te sientes con menos energías y más ganas de comerte el frigorífico entero… y no por hambre, sino por ansiedad. Crees que lo has probado todo.

Saber cómo adelgazar es relativamente fácil, lo difícil es llevarlo a la práctica. Además, cada vez te cuesta más quitarte los kilos de encima. La teoría es fácil: “dieta sana + ejercicio + constancia”… Claro. ¿Y qué pasa en la práctica? Pues que de lunes a jueves es relativamente fácil hacer de tripas corazón. Pero de viernes a domingo sientes que te mereces un premio. ¿Acelgas en sábado? ¡y una leche!… Me merezco un homenaje.

El “homenaje”

El premio no es ni más ni menos que una alegría pal’ cuerpo. Un refuerzo por lo bien que lo has hecho esta dura semana. Acto seguido encargas un pollo asado o haces una buena barbacoa con sus chuletas y sus chorizos. Después terminas el festín con un dulcecito y dices: “el lunes empiezo con la dieta. Esta vez en serio”

¿Echas de menos tus abdominales? Es posible que quieras volver a “tu peso de siempre” y que hayas iniciado varias dietas con esa intención. Sin embargo, las dietas mágicas que has seguido tampoco han funcionado.

No quieres obsesionarte con el peso, es hora de hacer las cosas bien. Ya no te fías de las dietas milagro. Vas a perder peso de forma sana y sin hacer locuras. Adelgazar no tiene por qué ser una tarea interminable.

Cómo adelgazar definitivamente:

Aquí tienes 3 claves para entender por qué te cuesta adelgazar:

1. "Lo he probado todo"

¿En serio? Esta es una frase muy socorrida. Pero no hemos probado todo; es imposible. Lo que realmente quieres decir es que nada te ha dado los resultados esperados.

Sé honesto. ¿Exactamente qué has probado? Incluso es posible que hayas probado algunos métodos varias veces, pero ¿entiendes los principios de una nutrición sana? Si no funciona lo que estás haciendo, ¿por qué lo repites? Prueba algo distinto. Voy a darte una pista:

O tu dieta está mal fundamentada, o no estás siendo fiel a ella.

Si tu problema es la motivación, consíguela antes de empezar. Desarrolla el "hambre" de adelgazar antes de continuar. Si sigues dándote porrazos contra la pared, solo te harás cada vez más daño.

2. "No sé qué más hacer…"

Si no sabes qué estás haciendo mal, volverás a caer en el error. Haz de abogado del diablo. ¿Estás haciendo dieta, o te la estás saltando? ¿Haces ejercicio suficiente o buscas excusas?

Identifica dónde caes una y otra vez. Por ejemplo, si abandonas porque la alimentación sana te parece aburrida y difícil de seguir, ¿cómo puedes hacerla más divertida y fácil? Haz un plan sencillo y claro con pasos pequeños y fáciles.

Añade cada semana un hábito nuevo.

La primera semana puedes introducir verduras en todas las comidas. De momento puedes comer dulces. La siguiente semana quitas las bebidas azucaradas, etc. Poco a poco vas incorporando hábitos sanos a tu vida que te harán adelgazar.

Para saber qué estás haciendo mal aprende lo necesario sobre nutrición y ejercicio.

Muchos dicen que comen sano, pero no adelgazan. Pocos reconocen que comen fatal. Una vecina con sobrepeso me pidió ayuda. Decía que comía verduritas y cenaba ensalada todas las noches, pero seguía cogiendo kilos. Yo no sé por qué estoy tan gorda, ¡si como muy sano!

Un día fui a visitarla y descubrí el pastel (nunca mejor dicho). Su “ensaladita gigante” llevaba hortalizas, sí. Pero también le echaba, para aderezarla (y que no estuviera tan "sosa"), unos tacos de queso, buenos trozos de chorizo, mayonesa… y otras muchas delicias que ni me imaginé que se podían echar a una ensalada. Desde entonces, cuando alguien con sobrepeso me dice que come sano, me echo a temblar. Tu cuerpo no miente. Algo pasa.

No hace falta un máster en nutrición, o ser un “fiebres del deporte”. En su lugar, aprende lo básico sobre nutrición. Qué engorda más y qué engorda menos, o qué combinaciones de nutrientes te ayudan a quemar más grasa.

Con el deporte igual. Da un paseo rápido por la mañana y otro por la tarde. Cuando el cuerpo se acostumbre, añade una pequeña rutina de ejercicios sencillos. Empieza poco a poco y después añade más cantidad, así evitarás rendirte al tercer día.

3. "Tengo que conseguirlo solo"

Intenta adelgazar por tu cuenta, pero si no sabes lo que haces, prepárate o pide ayuda. No arriesgues tu salud, ni pierdas tu tiempo. Si necesitas adelgazar en serio y hasta ahora no lo has conseguido, no hace falta que lo logres solo.

La dificultad a la hora de perder peso no se mide por la cantidad de kilos que quieras perder, sino por los obstáculos que no sabes cómo superar... Y muchos de ellos están en tu cabeza.

Pide ayuda a un nutricionista. Cuando un profesional te da una dieta, pagas y te hace seguimiento todas las semanas, sueles ser más constante. Tómalo como una inversión en salud.

Recuerda a James Bond: "Nunca digas, nunca jamás"

Sustituye la expresión “no consigo adelgazar” por no he conseguido adelgazar TODAVÍA. Piensa en lo que te va a costar tu sobrepeso a largo plazo si no haces nada (siente el dolor).  Imagina los enormes beneficios y la calidad de vida que ganarás cuando estés más delgado (siente el placer).

Cuanto más te lamentes, más tardarás en llegar a tu objetivo. Ponte ya manos a la obra. No te rindas y sigue intentádolo hasta que lo consigas. ¡Tú puedes!

¿Quieres adelgazar y mejorar tu dieta? Suscríbete a Fluenting y recibe ideas sencillas y eficaces para tu salud.

El anterior artículo ¡Socorro, no consigo adelgazar! — Cómo lograrlo de una vez por todas se ha publicado de: Revista Fluenting



source https://www.fluenting.com/como-adelgazar-definitivamente

viernes, 25 de marzo de 2022

Cambiar de vida es más fácil de lo que piensas

Disponible en: https://www.fluenting.com

¿Quieres ver cambios espectaculares en tu vida en solo un mes? Aquí tienes un plan explicado paso a paso.

Hay solo tres fases. Incorpora cada 10 días las tareas de cada fase. Cuando acabe el mes celébralo, reflexiona y descansa. Luego continúa con esta rutina o crea otra similar que aún te ayude más. Tú decides.

Fase 1: Para cambiar de vida, cambia tus rituales (10 días)

Renueva tu mentalidad y tu cuerpo

A quien madruga Dios le ayuda

Cada mañana dedícate un tiempo a ti. Nada más levantarte sumérgete en un ritual edificante que incluya algún tipo de ejercicio, por simple que sea. Quien mueve el corazón mueve sus emociones. Por ejemplo, puedes rebotar veinte veces contra el suelo dando pequeños saltos, hacer unas flexiones o salir a correr. Tú eliges.

La finalidad es poner en forma tu mente y tu cuerpo. Sentir que otro día maravilloso se acerca, lleno de posibilidades y con apasionantes retos. Durante el resto del día tendrás que lidiar con distracciones y tu nivel de estrés irá aumentando. Cada mañana desayuna una buena dosis de autoestima. No salgas de casa sin sentirte bien por dentro. Al atenderte y cuidarte tú primero, desarrollarás una mentalidad constructiva y una actitud positiva para afrontar el resto del día.

Eres lo que comes

Cambiar de vida o de inercia cuesta energía. Las cosas siguen su curso a menos que algo las frene o las impulse. Sin trabajo vas directo a una mayor entropía; es decir, que tu vida se irá más y más al garete. Comer bien, en menor cantidad y más a menudo te ayudará a regular tus niveles de glucosa en sangre, a sentirte ligero y con más ganas de vivir y hacer las cosas.

No ignores el impacto de una buena nutrición. Realmente cambiará tu vida. Como en los coches de fórmula uno, la cantidad y la calidad de gasolina que pongas será determinante en tu estrategia de carrera. Come bien y serás mucho más productivo y más feliz.

Haz un poquito de ejercicio

"Mens sana in corpore sano". Con una pequeña rutina de entre 30 y 45 minutos de ejercicio moderado tendrás enormes beneficios. Simplemente paseando todos los días ese tiempo —mientras escuchas un audiolibro, música o al mundo que te rodea— reducirás tu nivel de estrés y aclararás tu mente. Con una buena salud fortalecerás tu espíritu y pensarás mejor. Recuerda que lo que no usas lo pierdes. Oxigena tu cuerpo, úsalo y tu vitalidad aumentará. Lo que alimentas crece.

Fase 2: Para cambiar de vida, cambia tu entorno (siguientes 10 días)

Pon un poco de orden en tu vida privada

Limpia tu espacio personal

El principio del orden establece que en tu vida haya un sitio para cada cosa y que cada cosa esté en su sitio. Ordenar el caos y poner orden es una condición necesaria para que pueda formarse un patrón de crecimiento. Con disciplina, aprende a tirar periódicamente lo que no necesitas. No acumules basura, material o emocional.

Para ordenar un poco mejor tu espacio y reducir el estrés visual te recomiendo este libro de Marie Kondo. Revolucionará tu manera de ordenar y de actuar.

Organiza tu trabajo y cumple con tus responsabilidades

Los proyectos pendientes y las promesas incumplidas ocupan mucho espacio mental. La deuda que generan consume demasiada atención. Aprende a cerrar esos bucles abiertos de tu mente. Dedica tiempo a tus proyectos atrasados, avanza o elimínalos de tu lista, pero no dejes asuntos pendientes por decidir. Hazlo o no lo hagas, pero acaba con las medias tintas.

Simplifica tu complicada vida social

Focalízate en las relaciones más enriquecedoras y que más te aportan y te importan. Rompe con las te resulten empobrecedoras. Puedes decir adiós suavemente, pero si no queda más remedio, hazlo bruscamente. No ignores la importancia de las relaciones familiares. El precio de la discordia es muy alto.

Encuentra la forma de estar en armonía o, por lo menos, respetar a tus padres y hermanos (y los de tu pareja en caso de tenerla). Una definición de familia es la de unidad mínima de supervivencia. Cuida de tu familia: muchas veces solo podrás recurrir a ellos cuando todos los demás te den la espalda.

Fase 3: Para cambiar de vida, cambia tu futuro (últimos 10 días)

Sueña, fíjate metas y haz planes

Escribe tu plan de acción y luego ponlo en marcha

Descompón tus metas en pasos a dar. El primer paso es el más difícil. Vencer la inercia es clave para mejorar tu productividad.

Sigue este truco: haz que tu primer paso para un cambio de vida sea pequeño, fácil y atractivo. Elige uno que sea simple, claro y que consuma poquísima energía para empezar a ponerte en marcha. Ese paso de hormiga, como señala la filosofía japonesa del Kaizen (mejora progresiva), puede detonar un huracán de resultados. Añade fechas tope a tus metas y pasos intermedios.

Haz una lista con tus más grandes sueños

Se trata de apuntar a las estrellas, de imaginar y de divertirte soñando. Este ejercicio te relajará y te dará las ideas que necesitas para sacar tus proyectos, tu visión y un sentido de propósito.

Dedica un ratito cada día a planificar el día siguiente

No hace falta que lo hagas al detalle. Simplemente aclara qué quieres conseguir mañana. Deja que tu mente y tu inconsciente lo incuben. Irás más tranquilo a la cama y, tras consultarlo con la almohada, te será más fácil y rápido ir directo al grano, ponerte manos a la obra y terminarlo.

Pasado el primer mes, expande tus horizontes

Intenta vivir más creativamente

Por pequeño que sea, el viaje más largo empieza con un primer paso. Haz mini experimentos. Emprende algún cambio, por minúsculo que parezca y mira qué pasa. Si pasado un tiempo no te funciona, ¡prueba otra cosa! Es así de difícil.

Expande tu zona de seguridad

Afronta tus miedos y véncelos estoicamente. La mayoría vive entre la zona de pánico y la de seguridad. Para crecer hay que entrar en la zona de expansión. Un lugar donde se corre el riesgo de aprender, pero resulta emocionante y suficientemente seguro.

Tómate un respiro

Cuando veas brotes verdes en tu vida, celébralos. Así reforzarás el cambio y tu adaptación será más rápida. Después del esfuerzo, recupera, descansa y diviértete. Encuentra tiempo para la reflexión y la gratitud. Aprecia lo bueno que ya hay en tu vida y verás como crece.

Emprende este viaje —que nunca se acaba— y verás qué pronto cambias de vida y ganas fluenting. Sentirás que avanzas en todo lo que quieres y que sobrepasas tus expectativas. Empezarás a sentir una mayor armonía y control sobre tu vida. Verás la luz al final del túnel y el trabajo te será cada vez más fácil y placentero.

Únete a Fluenting y empieza a cambiar tu vida a mejor. Suscríbete totalmente gratis ahora para impulsarte a una vida más plena.

Cambiar de vida es más fácil de lo que piensas fue primero publicado en: https://www.fluenting.com/



source https://www.fluenting.com/cambiar-de-vida-es-mas-facil-de-lo-que-piensas

miércoles, 16 de marzo de 2022

Motivación personal — Descubre la tuya (parte II)

Por cortesía de: https://www.fluenting.com

Continuamos con la motivación personal. En la parte I, te hablé de tres tipos de motivación.

Te comenté que los factores clave de una motivación intrínseca son...

  1. Autonomía — el deseo de dirigir tu propia vida y tu trabajo.
  2. Maestría — el impulso de ser mejor en algo que importa.
  3. Propósito — el anhelo de hacer algo que contribuya a una causa más grande que tú mismo

La motivación extrínseca (1.0 y 2.0) se alimenta de nuestros instintos.

Nuestros comportamientos indican si la motivación es externa o interna. La motivación extrínseca funciona porque todos estamos diseñados para sobrevivir, evitar el dolor y perseguir el placer. Nacemos con un sistema nervioso capaz de aprender a base de amenazas de muerte, palos y zanahorias. Hasta aquí nada nuevo.

La motivación intrínseca es diferente.

No se nace con ella. Se aprende. Podemos movernos con una fuerza sin igual: nuestra voluntad. Gracias al desarrollo de nuestro sistema nervioso y del neocórtex, en lugar de ser esclavos de los instintos, tenemos margen para actuar libremente. Al menos mucho más que otros seres vivos.

Este libre albedrío permite comportamientos que no vienen de serie. Nuestra libertad es un ‘extra’ que amplía nuestra autonomía y adaptabilidad. Se ejercita haciendo las cosas a propósito (en lugar de sin querer, o porque te obligan). Esta flexibilidad es un potencial que nos sirve para superar las adversidades, ser diestros en lo que elijamos, aprender con alegría y pasión, sobrevivir y crecer óptimamente, sin caer en la pedagogía venenosa que cree que la letra con sangre entra. 

A la larga, hacer las cosas porque tú quieres, compensa. Actuar con libertad genera resultados superiores que si te mueves por presiones externas.

Para dejarlo bien claro: hacer algo porque uno quiere no significa despreciar el dinero, ni el reconocimiento o trabajar por menos de lo que valen tus servicios. Significa que esas recompensas tienen su mérito, pero juegan un rol distinto porque no son lo único que te importa.

¿Cómo aumentar tu autonomía?

Sentimos que ‘mandamos sobre nuestra vida’ en la medida en que tenemos control sobre estas 4T's:

  • Tarea — Elegir a qué actividades nos dedicamos
  • Tiempo — Escoger cuándo hacemos nuestras tareas
  • Técnica — Decidir cómo hacer nuestro trabajo
  • Tribu — Establecer con quién colaboramos

Si te sientes atrapado o desmotivado repasa estas 4T's, identifica qué te falta y busca soluciones.

Y para ser realmente bueno en algo, ¿qué necesitas?

En primer lugar hace falta una condición previa: fluir.

Fluir significa que la dificultad de la tarea que tienes por delante está en su justa medida: no es tan fácil que te resulte aburrida, ni tan difícil que te agobie o te parezca imposible. Fluyes cuando el reto está a la altura de tu preparación actual. En estado de flujo, la actividad te absorbe; el tiempo pasa más deprisa, casi sin sentir.

Entrar en ese fluir una y otra vez es necesario para ser un maestro, pero no es suficiente. Se requieren otras tres cualidades más:

  1. Mentalidad adecuada — Comprender que cualquier destreza es infinitamente mejorable. Todo se puede hacer un poco mejor.
  2. Aguante — Estar dispuesto a esforzarse para adaptarse al reto, aprender y crecer. Estar dispuesto a pagar el precio: aceptar el dolor y la ansiedad que conlleva ser grande en algo.
  3. Deportividad — Más alto, más rápido, más lejos. Hablamos de humildad. Se trata de progresión, no de perfección. La perfección —como el horizonte— no está para ser alcanzada, sino para orientarnos y servirnos de inspiración y guía.

¿Para qué sirve un propósito y cómo se llega a tener uno?

Un propósito es simplemente una causa mayor y más duradera que nosotros mismos.

De serie, todos los seres vivos hacen cuanto está en su mano para sobrevivir. Solo los seres humanos, que saben que algún día han de morir, tienen una opción extra (no es obligatoria). ¿Cuál es ese ‘extra’ específicamente humano? Sencillamente que las personas pueden dar a su vida un sentido más hondo que la mera supervivencia.

Un propósito armoniza y da un contexto a nuestra autonomía y potenciales. Es decir, que podemos dar sentido a nuestra vida. Tenemos el poder de trabajar por algo que merece la pena (la esencia del amor). Cada uno decide qué legar a la humanidad para facilitar o dificultar su supervivencia, su crecimiento y su expresión libre, consciente y creativa.

¡Vivir es un arte, no una ciencia! 

Ser práctico no debe de estar reñido con hacer aquello que tiene sentido para ti. Por ejemplo, puedes ganar dinero con tu negocio y hacer de este mundo un lugar mejor. La productividad o la competitividad son compatibles con el honor, la belleza o la bondad.

¿Qué es más importante para una vida plena, el dinero (utilidad) o el propósito (finalidad)?

Un grupo de investigadores fueron a buscar la respuesta entre la población de universitarios. Algunos estudiantes tenían aspiraciones extrínsecas, como ser ricos o famosos. Otros las tenían intrínsecas, se proponían ayudar a otros a mejorar sus vidas, aprender y crecer.

Haciendo seguimiento dos años después de su graduación el grupo de motivación personal intrínseca, tenía menos ansiedad y menos depresión, mayor bienestar y satisfacción que cuando estaban en la universidad.

Los otros, de motivación personal extrínseca, no eran más felices. Peor aún, tenían más ansiedad, depresión y otros indicadores negativos a pesar de haber conseguido o estar realizando sus metas.

Creer que para ser feliz basta con tener metas puede llevarte por una vía de autodestrucción. No basta con tener metas, hace falta que tus metas tengan sentido.

El futuro pertenece a los que conecten con una mayor motivación que la recompensa o castigo. Para gozar de una vida más plena necesitas una motivación personal intrínseca. Ese tipo de motivación personal proviene de nuestro deseo profundo de dirigir nuestras vidas, expandir y aumentar nuestras destrezas y llevar una vida cargada de sentido.

Plan de acción para desarrollar tu motivación personal

Pon en marcha tu motivación 3.0 aplicando una o varias de estas ideas:

Estrategia #1: Fomenta un estado de flujo

Por ejemplo, haz que el reloj de tu móvil o de tu ordenador salte por azar en 30 momentos distintos. Cada vez que suene pregúntate qué estás haciendo, cómo te sientes y si te sientes fluir.

Anota tus respuestas y busca los patrones:

  • ¿En qué momentos te has sentido fluir? ¿En qué trabajabas? ¿Cómo lo hacías? ¿Con quién?
  • ¿Cómo podrías reestructurar tu día a día basándote en lo que has descubierto?
  • ¿Qué has averiguado sobre tu auténtica fuente de motivación intrínseca?

Estrategia #2: Hazte una gran pregunta

Para conectar con tu propósito imagina que una gran frase resumiera tu vida, ¿cuál sería?

Por ejemplo:

  1. Inventó un dispositivo que hizo la vida de los enfermos del corazón más amable.
  2. Fue un padre excepcional de 2 niños felices que se convirtieron en adultos sanos, libres y asombrosos.

Estrategia #3: Concreta tu propósito

Contesta en una sola frase a cada una de estas dos preguntas para resumir tu propósito:

  1. ¿Qué hace que te levantes cada mañana?
  2. ¿Qué te mantiene aún despierto a última hora de la noche?

Estrategia #4: Acércate 5 pasos a la maestría

Según el psicólogo Anders Ericsson una 'práctica deliberada' es la clave para llegar a ser un maestro. Estos son los pasos:

Paso 1: Recuerda que solo hay un objetivo: mejorar el desempeño. Así que no hagas siempre lo mismo, haz cambios, fíjate metas nuevas y esfuérzate por llegar un poco más lejos cada vez.

Paso 2: Repetir, repetir y repetir. Un profesional del baloncesto no hace 10 tiros libres al final del entrenamiento; hace 500.

Paso 3: Busca feedback constantemente de alguien con criterio. Si no sabes qué estás haciendo mal, no sabrás que necesitas mejorar.

Paso 4: Focalízate sin piedad donde necesites ayuda. Tendrás que entrenar tus fortalezas y trabajar para reducir tus debilidades.

Paso 5: Asume que el proceso será física y mentalmente extenuante.  Por eso muy pocos llegan a maestros en algo, pero es lo que hace a los maestros.

Ahora debería quedar claro por qué la motivación extrínseca es insuficiente. Simplemente, los palos y las zanahorias no bastan para estar a la altura de los retos actuales a la hora de organizar, pensar y hacer lo que hacemos.

Para saber más sobre este tema te recomiendo leer: La sorprendente verdad sobre qué nos motiva, de Daniel H. Pink

Es hora de abrazar una motivación personal más significativa. Los elementos esenciales para activar ese proceso de motivación 3.0 son los siguientes:

  1. Autonomía, impulsada por las 4T’s: Tarea, Tiempo, Técnica, Tribu
  2. Maestría, que requiere fluir y la mentalidad de un campeón
  3. Propósito, que supone expresar con libertad quién eres y contribuir a una causa en la que crees.

(NOTA: Si de verdad quieres impulsar tu motivación y conectar con tu poder interior, prueba esto)

Motivación personal — Descubre la tuya (parte II) fue originalmente publicado en: https://www.fluenting.com/



source https://www.fluenting.com/motivacion-personal-ii

martes, 15 de marzo de 2022

Motivación personal — Descubre la tuya (parte I)

Primero visto en: FLUENTING impúlsate a una mayor calidad de vida

Desencadena tu auténtico poder: aprende a conectar con tu motivación para ganar en todas las facetas de tu vida. Te aguarda un mundo mejor que verás lleno de sentido y de posibilidades.

En este artículo descubrirás tres tipos de motivación. Sabrás cuál de ellas te abrirá las puertas de la felicidad y la productividad.

Conceptual image - way to freedom

Comprenderás también por qué las recompensas externas, como el reconocimiento o los premios, no son siempre la forma más eficaz de motivación para ti, para tu equipo o tus empleados.

Aprenderás a focalizar mejor que nunca todo tu potencial, como si fuera un láser. En primer lugar, encontrarás una causa significativa y duradera a la que contribuir. Luego, te fijarás unas metas acordes con lo que quieres conseguir. Finalmente, buscarás las palabras y las políticas que te den el apoyo necesario para lograr esas metas.

Hay un gran vacío entre lo que la ciencia sabe y lo que se hace hoy día para motivar. Los sistemas educativos, nuestro entorno laboral y la forma de tratar a nuestros hijos se centran en motivaciones externas. Sin embargo, la intimidación o los castigos y las recompensas no permiten un rendimiento óptimo de nuestro potencial.

Motivación 1.0, 2.0 y 3.0 —¿Cuál es la tuya?…

Motivación 1.0

50.000 años atrás la motivación del ser humano era simple: sobrevivir a las amenazas del entorno. Impedir que nos devorase un cocodrilo era la guía principal de nuestras motivaciones. Huir, luchar, comer, descansar y procrear eran las actividades fundamentales en aquel momento.

Durante años funcionó bien, pero conforme las sociedades crecieron y la necesidad de cooperación aumentó, surgió paulatinamente una nueva forma de operar...

Motivación 2.0

A parte de sobrevivir, también buscamos recompensas y queremos evitar el castigo.

Este sistema de motivación refuerza mediante el placer o el dolor el comportamiento que se desea ver.

Pero esta forma de motivar con el palo y la zanahoria ya no funciona tan bien como solía hacerlo. Deja de funcionar porque es incompatible con la evolución de las sociedades contemporáneas, sus empresas y el nuevo trabajador del conocimiento.

No es compatible en tres áreas en particular:

1. Cómo organizamos nuestras actividades
2. Cómo evaluamos lo que hacemos
3. Cómo hacemos lo que hacemos

La motivación 2.0 es incompatible con la forma de organizar nuestro trabajo porque muchos proyectos ya no son de código cerrado, para defender los intereses de un colectivo en competencia con los de otros. Hoy existen nuevos modelos de negocio y de colaboración más sinérgicos y abiertos.

Las iniciativas con afán de contribuir más que de competir, como los proyectos de código abierto, están triunfando. En estos proyectos, los trabajadores regalan su producto y no reciben recompensas externas por sus esfuerzos. Algunas de estas empresas cuentan con millones de usuarios contentos, por ejemplo:

  • El navegador Firefox, tiene 150 millones de usuarios.
  • Linux, creado por una legión de programadores no remunerados, da vida a uno de cada cuatro servidores corporativos.
  • Wikipedia cuenta con millones de artículos en más de 250 idiomas diferentes, todos ellos escritos por voluntarios no remunerados.

Como han demostrado varios académicos, estos proyectos de código abierto funcionan gracias a la motivación intrínseca, que depende de factores internos propios de cada individuo. Sin embargo, los viejos modelos de negocio confían en la motivación extrínseca; es decir, el palo y la zanahoria, que son iguales para todos.

Hacer las cosas por motivación personal te compensa y te da buena energía

Dos profesores del MIT y un consultor del prestigioso Boston Consulting Group realizaron una encuesta. Encontraron que la razón número uno por la que 684 desarrolladores de proyectos participaban en iniciativas de código abierto era por el gozo que produce la motivación intrínseca; es decir, por lo creativa que la persona se siente cuando está trabajando en el proyecto.

La motivación 2.0 asume, en gran medida, que somos robots racionales que maximizan zanahorias y otras riquezas. Pero ya ni siquiera la mayoría de economistas lo creen así.

Considera lo siguiente:

  • No ahorramos lo suficiente para la jubilación aunque racionalmente es una clara ventaja económica el hacerlo.
  • Nos apegamos a las malas inversiones más de lo que deberíamos, porque sentimos mucho más dolor por perder dinero que por ganar la misma cantidad de dinero.

No somos tan racionales como pensábamos. Incontables estudios han demostrado que los seres humanos no siempre nos comportamos racionalmente por nuestro propio interés (ver, por ejemplo, Las Trampas del Deseo, de Dan Ariely).

Tampoco tenemos todos el mismo tipo de ocupación. Algunos aún tienen trabajos rutinarios que no les ofrecen un gran estímulo y que otros les dirigen. Pero un número creciente de personas gestionan su propia labor. Tienen trabajos complejos, interesantes y que les suponen un desafío constante.

El trabajo ya no es tan algorítmico, se ha vuelto heurístico (iterativo, experimental). El trabajo robótico está amenazado de muerte por el despido tecnológico. El futuro pertenece al trabajo creativo, tan lleno de posibilidades como escribir un libro, diseñar un antibiótico o crear una campaña de marketing, por ejemplo.

Los trabajos algorítmicos, como el de cajero de una cadena de supermercados, están disminuyendo.

Investigadores como Teresa Amabile, de la Harvard Business School, han encontrado que las recompensas y castigos externos funcionan bien con los trabajos algorítmicos. Pero pueden ser devastadores en trabajos heurísticos, donde la motivación extrínseca puede impedir la creatividad necesaria para inventar algo nuevo.

Las empresas necesitan personas automotivadas que tengan pasión por su trabajo porque los costes de seguimiento y control de un empleado que se aburre son enormes.

Nadie gestiona a los colaboradores de Wikipedia, nadie se sienta a fijar incentivos para motivarlos. Esos costes se los ahorran y quedan para incentivar los trabajos pesados que casi nadie disfruta haciendo y que precisan de supervisión. Los puestos más interesantes son para los trabajadores del conocimiento que requieren de más autonomía y de mayor iniciativa personal.

¿Cuáles son los tres elementos esenciales que impulsan la motivación 3.0?

Las tres fuerzas que conducen a una motivación personal intrínseca son:

  1. Autonomía — el deseo de dirigir nuestras propias vidas y nuestro trabajo.
  2. Maestría — el impulso de ser cada vez mejor en algo que realmente importa.
  3. Propósito — el anhelo de hacer algo que contribuya a una causa más grande que nosotros mismos.

En "Motivación personal — (parte II)" te hablaré más detalladamente de estos 3 elementos. Sabrás qué es más importante para una vida plena ¿el dinero (utilidad) o el propósito (finalidad)? Y descubrirás algunas estrategias para poner en marcha las ideas que compartiré contigo.

(NOTA: Si de verdad quieres impulsar tu motivación y conectar con tu poder interior, prueba esto)

Motivación personal — Descubre la tuya (parte I) fue inicialmente escrito para: FLUENTING impúlsate a una mayor calidad de vida



source https://www.fluenting.com/motivacion-personal

lunes, 14 de marzo de 2022

Cómo gané confianza tirándome desde 20 metros

Inicialmente visto en: https://www.fluenting.com/

Suelo ir a Toledo a visitar a mi hermana. En una de estas excursiones, estábamos dando un paseo por el casco histórico cuando vimos una tirolina que cruzaba a lo ancho del río Tajo.

— ¡Vamos a tirarnos! —dijo ella.

Miré hacia abajo desde el puente de San Martín. Después miré al frente y vi el cable que colgaba a 20 metros de altura…

— Otro día —respondí escondiendo mi nerviosismo— jaja…

En ese momento no me tiré, pero sentí ganas de vencer ese temor y superarme a mí misma. Estuve a punto de no hacerlo, pero me dirigí a mi marido y a mi hermana y les dije:

— La próxima vez que venga a Toledo, me tiro.

La aventura de superar obstáculos

Tardé bastante en volver, pero en mi siguiente viaje a Toledo, sabía que alguien sacaría la conversación, así que me adelanté:

—¡Mañana voy a tirarme por la tirolina!

Mi marido me animó a hacerlo y mi hermana me dijo que ella también se apuntaba al sarao. Así que al día siguiente nos acercamos al puente de San Martín.

Estaba haciendo fila para tirarme con el arnés y el casco puesto cuando un hombre, que estaba a punto de lanzarse, se arrepintió en el último momento y se dio media vuelta. Me afectó ver cómo aquel pedazo de tío se asustaba, daba media vuelta y corría. Tuve una enorme tentación de hacer lo mismo, pero me mantuve firme en mi decisión.

Por fin era mi turno. Estaba al borde del precipicio. El monitor me notó tan nerviosa que bromeó para tranquilizarme:

—Tenías que haberte tomado un vinito antes de venir
—Jajaja… Sí… Tenía que haberme tomado la botella entera —le dije, aunque casi nunca bebo alcohol.

El paso decisivo

En ese momento fui consciente de todos mis condicionamientos pasados. No pensé que iba a sentir tanto miedo hasta que llegó ese momento. Me di cuenta de que todas las voces de mi pasado habían vuelto a mi mente justo en ese momento: “¡Cuidado, no lo hagas, que te vas a hacer daño!” “¡No te subas, que es peligroso!”, etc…

—Cuando quieras puedes tirarte —dijo el monitor
—Como no me empujes tú, yo no me tiro —le respondí con el corazón a mil.
—No. Tú solo saca un pie y verás. Puedes hacerlo.

Estaba claro que el monitor no iba a tirarme. Solo yo podía hacerlo. Tenía en mis manos la posibilidad de lanzarme o de echarme atrás, como había hecho el hombre de antes. Respiré hondo y recordé por qué estaba allí. Quería demostrarme a mí misma que podía hacerlo, quería cumplir mi palabra. En el fondo, sabía que era capaz de superar ese obstáculo y conseguir lo que me había propuesto. Querer es poder.

Además, recordé un consejo de Diego:

Algunas veces viene bien ser un poco miope. Focaliza la atención en lo relevante, no te distraigas con lo que te aleja de tu meta. Céntrate sólo en tu siguiente paso.

Recordando esto, me enfoqué solo en mi pierna izquierda. La levanté lentamente hasta que mi pie estaba ya en el aire, fuera de la pasarela. De repente y por la fuerza de la gravedad, el arnés tiró de mí y cuando me quise dar cuenta:

—¡Aaaaaaaaaaaaaahhhhh!

Ya no había vuelta atrás

Abrí los ojos y me vi flotando sobre el río Tajo, volando sobre los árboles, me sentí libre como un pájaro. Las vistas eran alucinantes. La altura, que tanto me había asustado hasta ese momento, ya no era un impedimento para mí.

“Ya está hecho. Lo he logrado” —pensaba— ¡esto es la caña!

—¡Yujuuuuuuuuuuuuuu!

Al llegar a la otra orilla del Tajo me temblaban tanto las piernas que parecía un flan. Tenía la adrenalina por las nubes, pero no podía parar de sonreír.

Lo que realmente gané de aquella aventura

Una vez que la adrenalina volvió a su sitio reflexioné sobre lo que había supuesto para mí tirarme al vacío. De repente, me sentía capaz de conseguir muchas otras cosas. Me di cuenta de que el paso más difícil de superar es aquel en el que ya no hay marcha atrás. En el caso de la tirolina, el paso más complicado para mí fue sacar el pie fuera de la pasarela. En ese punto es cuando tienes que vencer todas tus limitaciones anteriores, confiar en ti mismo y dar un paso en la dirección correcta.

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domingo, 13 de marzo de 2022

Cómo encontré un método tonto para superar debilidades

Se ha publicado de: Revista Fluenting

Aprendo mucho de mis clientes. Hoy te voy a hablar de Pedro. Tiene mil ilusiones, un gran corazón y trabaja hasta muy tarde. Su familia le echa un poco de menos. Quiere emprender su propio negocio y le sobra talento, pero él no lo sabe.

No terminó su carrera. Dejó ADE en tercer curso. Lleva la tienda de otro en un gran centro comercial. Él es el alma que la hace prosperar. Su sueldo está por encima de la media, pero no le pagan ni de lejos todo lo que su trabajo vale.

Pedro y yo nos conocemos hace cuatro meses. En un día se puede hacer relativamente poco. Para que empiecen a ocurrir ‘milagros’ hacen falta más. Nuestras sesiones de coaching estratégico le hacen ganar claridad y sus avances son notables. Pero a ninguno de los dos nos bastan estos resultados.

Total, que Pedro y yo nos hemos hecho buenos amigos porque resonamos. El otro día quedamos para tomar algo. Charlamos sobre sus retos y las metas que le preocupaban: pasar más tiempo con sus hijos, tener más autonomía, darle a su familia la vida que se merecen y contribuir más activamente a su proyecto de negocio, que lo tenía un poco estancado.

Como estábamos en otro contexto, más informal, le propuse una partidita de ajedrez, a ver qué pasaba. Me dijo que era malísimo, que a penas sabía cómo mover las piezas.

— ¡Genial! —le respondí yo—. Así te podré dar una buena paliza y pagas tú la ronda. Jeje…

Nos reímos los dos, saqué mi móvil y decimos jugar un rato al ajedrez mientras nos tomábamos unas birritas.

Mis clientes tienen sueños (y mucho talento escondido)…

Pedro es un tipo fenomenal. Un cacho de pan con ojos. Una de esas personas con las que me gusta trabajar (hace años que decidí ser selectivo —la agenda no me permite otra alternativa— solo tengo tiempo para los que resuenan conmigo y realmente quieren avanzar en sus metas.)

A veces desconfía de su talento y de su potencial, pero tiene coraje y persevera a pesar de los batacazos… Se cae, aprende y se levanta. Lo sigue intentando porque tiene fe en la vida. En el fondo es un crack —aunque él todavía no se lo cree.

Se estaba poniendo feo

Tenía miedo de que su jefe lo despidiese por cuatro perras conforme pasaran los años. Hace poco le han propuesto un traslado. Por el caríz que va tomando todo, y por las condiciones y la forma de planterle el traslado, se teme que pronto pase lo peor. Esto le está creando algunos dilemas. Ha decidido meterle más caña a su proyecto de negocio.

Pedro tiene alma de capitán

A Pedro no le gusta que su destino y el de su familia se encuentre en manos de otras personas.

Harto de que su jefe le mangoneara, sabía que para montar su propio negocio sin poner en peligro a los suyos necesitaba pensarlo bien y tener las cosas realmente claras.

Sus “experimentos” en Internet habían dado resultados muy pobres hasta el momento. Después de probar mil cosas, lo único que había logrado era sentirse desbordado y un poco más desmoralizado que cuando empezó.

A la segunda sesión Pedro ya sabía que para montar un negocio de éxito tenía que apoyarse en sus fortalezas y apostar por algo que le llenase. Si no se tomaba en serio su proyecto solo cambiaría una situación mala por otra peor.

Tenía claro lo que le gustaba y cuál era su visión. Pero no terminaba de concretar cómo podía hacerla realidad. Quería hacer mucho él solito en muy poco tiempo. Tanto abarcar le estaba quemando. Su nivel de autoexigencia le estaba pasando factura y sus resultados aún eran descorazonadores.

¿Hay jugadores natos de ajedrez?

Aunque el ajedrez no es mi fuerte ni me ha interesado nunca demasiado, mi intuición me decía que algo bueno podía salir de la experiencia. Con todos estos antecedentes y cinco sesiones de coaching a la espalda empezamos nuestra partida. La primera la gané por palizón. La segunda también y la cosa se ponía aburrida. Tenía fallos tontísimos. Le comía una pieza detrás de otra.

Le pedí que me comentara, conforme jugaba, en voz alta sus razonamientos. Cuando me explicó su estrategia me quedé boquiabierto. Era capaz de pensar qué piezas movería con 3 o 4 jugadas de antelación. Tenía clara su meta y qué haría para conseguirla.

Sus ideas eran mejores que las mías

Pero… ¿por qué perdía una y otra vez? Lo vi claro. Estaba tan orientado a ganar y tenía tanta ilusión y energía por llegar a buen puerto, que se olvidaba por completo de evaluar los riegos presentes.

—La jugada que quieres hacer es alucinante, Pedro. Pero no te has pispado de que con este peón te voy a comer el caballo con el que contabas para tu maravillosa estrategia.

Se vino abajo otra vez.

—Pedro, olvídate por un momento de ganar y dime qué harías tú para no perder al ajedrez

—Y yo que sé…

— ¡Deja el móvil un rato y piénsalo!

Pedro estaba tan acostumbrado a lidiar con los imprevistos y las agendas de los demás que se había vuelto un poco distraído. Su atención estaba en el móvil, en lo que iba a hacer mañana, en los problemas que tienen sus hijos, en el partido de fútbol de esta noche, en la chapuza que le ha salido en el fregadero de su casa, en el libro que tiene a medias y en los pedidos que esperaba recibir en su tienda ayer —por decirte solo unos cuantos…

—Vamos a ver… ¡Pon atención a mi pregunta y respóndeme en serio! No te vengas abajo, tío.

—Vale, vale. Lo que haría para no perder al ajedrez es… mirar cuáles de tus piezas amenazan a mis piezas más importantes.

— ¡Fenomenal! Dime qué piezas son las más importantes, en tu opinión.

—La reina, las dos torres y mis alfiles, creo.

Jugamos la siguiente partida, Pedro intentó proteger sus mejores piezas. Aun así, perdió. Cometió casi los mismos errores.

— ¿Qué crees que ha fallado en tu plan?

—No sé… —titubeó

—Venga hombre, ¿qué podría ser…? —le dije yo.

—¡Leche, es que no es tan fácil supervisar tantas piezas a la vez! Me despisto porque no tengo paciencia para estar dos horas mirando antes de mover.

—Comprendo. Si solo tuvieras que proteger una pieza, ¿cuál sería?

—Protegería a la reina —contestó Pedro.

Y de repente todo cambió...

—Me parece una idea estupenda… —le dije— La reina es una pieza clave.

Lo que sucedió después fue asombroso. Cuando Pedro se centró en proteger a su reina todo su juego mejoró. El cambio fue radical y el resultado espectacular. No solo se convirtió en un digno oponente, sino que me ganó claramente la partida. Sin trampa ni cartón. No me dejé ganar. Me ganó.

Nunca te avergüences de ser mejor que tus maestros…

Me quedé flipado con el resultado. Me sorprendió ver que Pedro casi se avergonzaba de haberme dado la del pulpo.

— ¡Enhorabuena, Pedro! Me has dejado a cuadros.

—Nada hombre, la suerte del principiante —dijo Pedro

—Ni de coña, le dije yo. ¿Cómo lo explicas?

—No sé. Igual resulta que la clave es hacer menos cosas, pero más importantes.

— ¿Crees que podrías aplicar lo que has descubierto a tu proyecto de negocio? —le pregunté.

—Sí, puede ser.

—Dime cómo.

Lo pensó un rato y después me contestó…

—Como dices en Llegar a Todo: para cambiar por completo mis resultados basta con dar un pequeño paso.

—¿Y eso qué significa para ti?

—Verás… Juntos hemos visto que para ganar es imprescindible tenerlo claro y centrarse en lo realmente importante.  Cuando ignoro lo que podría salir mal, corro riesgos tontos.  Necesito identificar riesgos antes de actuar. Determinar qué actividades bajan mis riesgos al mismo tiempo que suben mis opciones de ganar. Velar por mi reina. Así es como mejoraré mi juego, así es como podré ganar.

—Gracias Pedro, me has enseñado mucho. Me parece valioso lo que has dicho. No dudes en aplicarlo a tu plan de acción. Verás cómo pronto la cosa cambia.

El aprendiz se convirtió en maestro…

¡Y vaya si ha cambiado! Pedro decidió que lo más importante era vender. Se centró primero en identificar a su cliente objetivo y dónde encontrarlo. Decidió qué le ofrecería primero y a qué precio. Por último, concentró todos sus esfuerzos en su estrategia de comercialización.

Ahora Pedro está camino de crecer como la espuma. Y su sueño de tener una vida plena está mucho más cerca de la realidad.

Espero que tú también te suscribas a Fluenting para encontrar el juego que te haga inevitable ganar.

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sábado, 12 de marzo de 2022

Aquí tienes el truco del almendruco

Originalmente visto en: www.fluenting.com

Te voy a contar una pequeña historia para esos momentos en los que parece que nunca conseguirás lo que quieres:

—Estos almendros no van a ninguna parte. Cada año están más feos y dan menos almendrucos. Estoy por arrancarlos y poner un buen olmo que, por lo menos, dará buena sombra con el tiempo.

—Un poco radical, ¿no te parece mamá? Estos árboles solo necesitan una buena poda. Hace años que están descuidados. Y tú te empeñas en pedirles peras a los olmos. ¿Me permites, madre, que les pase la motosierra para ver de lo que son capaces?

—Tú verás, hijo mío. Yo creo que es una pérdida de tiempo. Pero si te hace tanta ilusión. El campo también es tuyo. Haz lo que quieras.

—OK.

Sí, señor. Aquellos almendros estaban tristes. Mis padres los habían descuidado. Por eso recogían tan pocos frutos.

Años atrás daban las almendras más dulces, y sus flores nos alegraban cada primavera. Tan hermosos eran que todos dimos por descontado que siempre serían así.

El error fue pensar que lo único que teníamos que hacer era poner el cazo y recoger la cosecha cada año. Por un tiempo realmente fue así. Luego se fueron empobreciendo —digamos que se sintieron solos y un poco abandonados— y en lo que nos pareció un instante, los árboles se habían convertido en unos mamarrachos.

Los árboles hablan...

Habían llegado a un punto tal, que por no dar, casi ni daban sombra. A nadie parecía importarle demasiado lo que aquellos almendros habían sido, y aún menos lo que podían ser.

Su futuro peligraba y yo sentía que me hablaban. Así que decidí escucharlos. Les oí decir que merecían una vida mejor en honor a sus gloriosos servicios pasados.

Una mañana de sábado desayuné y después del café me decidí a podarlos. Tomé la motosierra y me puse manos a la obra. Los contemplé e hice lo que me pidieron. Los dejé desnudos, en su pura esencia —sin artificio alguno, sólo con sus mejores ramas, raíces y su tronco. Me sentí satisfecho y un poco de su tristeza se transfirió a mí. A cambio yo les di un poco de mi esperanza y mi fe en ellos.

Pronto me sacudí la pena. Me acordé de que algún día darían las mejores almendras, en la mayor cantidad, las más duces y serían los más bonitos y luminosos del vecindario. Además, en las entrañas, aquellos árboles lo tenían muy claro: con sus valiosas raíces el reto de crecer y dar buen fruto estaba más que asegurado.

Pasaron los días y meses. Todos nos olvidamos de ellos. Pero volvió la primavera y de las raíces, el sol, el agua y los nutrientes resurgieron los dos hermanos con sendos brotes. ¡Qué alegría sentimos todos! ¡Qué bonitos!

A la sombra de la cochera y junto al seto, los almendros continuaron por sus brotes verdes creciendo.

Yo los veía con orgullo. Esos árboles tenían sus propias razones y su corazón también era sabio. De un tronco de palo, cada uno de ellos empezaba a hacer su maravilloso árbol.

Ignoraban a los que decían "imposible"… ¡y lo consiguieron!

No lo tenían nada fácil. A pesar de la sombra, la escasez de nutrientes, el terreno arcilloso y pétreo y la abundancia de abrojos los dos lo consiguieron. Ambos iban prosperando, como los niños van creciendo.

Quiso la mala suerte —o el descuido— que el muchacho que mi madre contrató esa temporada para desbrozar el terreno, en un giro golpeara y desgarrase de uno de los almendros su precioso y único vástago.

— ¡Qué lástima! —dijeron todos.

—Era el brote más grande —comenté yo.

¡Y qué envidia silenciosa debió sentir con el paso de los días el desgraciado árbol al ver al otro creciendo y creciendo!

Jamás viste un crecimiento tan desigualado…

Al principio casi ni se notó. Pero conforme la primavera avanzaba, más evidente quedaba cuál de los árboles era el almendro mejor parado. El árbol herido se había quedado muy rezagado. Parecía como muerto. Totalmente estancado, como si para él ni la primavera hubiera llegado. Para principios de verano las diferencias eran odiosas. Uno era precioso, grande, asombroso; el otro parecía una estaca abandonada esperando la quema.

Pero lo importante de aquel árbol era que estaba muy bien arraigado en la tierra, no carecía de raíces auténticas y fuertes y la savia de la vida le quemaba por dentro.

No era la primera vez que el almendro había sufrido la inconsciencia de un ser humano. Ya cuando era chico a mi padre se le cayó ese mismo almendro de las manos.

¿Alguna vez has perdido la confianza?…

¡Lo que son los árboles!… Por mucho que otros crean que su tiempo ha pasado, o que nadie recuerde las almendras que regalaron y que todos les digan que son unos desgraciados... ellos tienen sus propios misterios para rebrotar cuando nadie lo espera.

El verano pasó. El almendro sano perdió sus hojas para el otoño. Pasó la navidad, comimos dulces y brindamos por el año nuevo. La vida siempre sigue. No hay quien la pare.

Los ignorantes se empeñaban en que para febrero había que arrancar y quemar el viejo almendro.

—Por encima de mi cadáver —les dije—. A ese almendro todavía le quedan muchos almendrucos, y algún día los veremos.

Y contra todo pronóstico un asombroso brote de esperanza renació de mi buen almendro a la primavera siguiente.

A todos les dije: poned cuidado y no destrocéis estos brotes tan buenos. Que lo que al principio parece poco, en un año es un árbol nuevo.

Todos lo celebramos. Nos enseñó mucho aquel almendro.

Nunca volverás a creer que es mejor el cerezo…

Ahora está precioso. Sus ramas son las más frondosas, su verdor un monumento. De las flores ni te cuento… que los japoneses fardan de cerezos y yo presumo de almendros.

Amigo mío, solo quería compartir contigo el sorprendente crecimiento del árbol herido, que muy pronto dará las mejores almendras.

Todos podemos hacer el truco del almendruco cuando confiamos en nosotros mismos y nos rendimos a la vida que tenemos dentro.

Suscríbete a Fluenting y comparte con tus amigos este pequeña historia de lo que aprendí de mis preciosos árboles.

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